lunes, 14 de noviembre de 2011

PRESENTACIÓN. (a modo de índice general)







ALGUNOS DESENCUENTROS Y OTRO DE DESTIERRO








20 + 21 + 23

Fernando Reyes Franzani



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(Un Ensayo de Retórica Narrativa y Prudencia)

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I
 
Algo apareció donde algo ya había.
Un poco de desorden, algo de sombras.




                                            Posibilidades Que No Son Más Que Espejismos y Desazones Verdaderas.


1 Desde muy antiguo
El Mundo
2 El gimnasio de la nada
La Carne



                                         Aproximación al Encuentro


3 Ciertos rastros
Donde vislumbran los personajes

4 Completamente despistado
La situación más probable

5 A la búsqueda de la certeza
Recapitulación de dolores y verdades





Encuentro: Siempre doloroso

 6 Ciertas certidumbres
Insistencia en lo incierto


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II
 
El arriba y el abajo: Las lágrimas


                                                Segunda Aproximación


7 El vaho
Matices y vaguedades

8 Algo de esperanza
El Estatu Quo

9 Brumas
El Quid de la cuestioncita: Asaz incierto


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III
El Fruto en la Semilla




                                                                     La Víspera


10 La página dominical
Exactamente: El momento de los quiubos


En vez del 11

  

                                                                       Proclama


12 = (10 + 2)
Declaración de casi certezas



                                                                     Pentecostés


13 Al salto de la mata
El reencuentro



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IV
Otra vez la luz. Otra vez lo oscuro
Completo desorden




                                                                     Geografías



14 Diversiones
Mesuras fastidiosas en el tiempo espacio: 
Precisiones muy imprecisas

15 Ella
Certezas muy inciertas


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V
El vuelo sobre las aguas: La sima poderosa


                                                                      Getsemaní


16 En el ara
Intermedio I:cuando el curso aún no afirma del todo su delirio
pero se sabe el derrotero 


                                                            In-Comunicados



17 Letanías
Recomienzo: en otra tónica igual de cuática


                                                        Comunicado Final



18 El complemento circunstancial
Intermedio II: Puntos de vista imaginarios



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                                                        Nueva Declaración





VI
Entonces vino la palabra. Y fueron nombrados


19 Trílogo
Para comenzar: Epílogo: (Lo que + esperaba)



                                                     Encuentro Definitivo



20 Acenlases
Aftermath



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VII

Pero no el descanso

Cuando exilios y migraciones




21                                                   El Ángel del Destierro







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1 Desde muy antiguo: El Mundo



I

Algo apareció donde algo ya había.
Un poco de desorden, algo de sombras.


                                               Posibilidades Que No Son Más Que Espejismos y Desazones Verdaderas.









1

Desde muy antiguo

El mundo







Esclava filosa y acerada como herida de futuro.
Como esa pelota de la infancia que se parte
en multitudes y huye irónica porque el mundo es arduo
y el fútbol intelectual de lacónica práctica,
o escasa persistencia.

Hablo de la dureza de mi amo, muy amado vulnerable
en su malla del honor, su casco de promesas.
Simbolizo golpes de mando siniestros:
El escrito filo de mi lengua,
y de ella, experta, y de ellos, también a la deriva:
aquello que corta como mal pensamiento,
el sarcasmo contra ingenuos / y hasta poderosos
o lascivos / mas nunca cansados de torneos en el lado de sus honras.

Más, afilo que nada, a todo, si atormentan.
Porque en noches de espera
temblaba
como la llama de vela en la torre silenciosa.
Blandir la luz no es tan diferente.
Duras manos, ilusiones sarracenas, suaves diatribas.
Mi amor estaba sumergido de dureza.
Situaciones diestras, momentos de extrema tensión.
Así, cuando en la noche de promesas y abstinencias.
El preámbulo de la lucha y su destino.
Verijas cristianas, torpezas moras, colgajos caballeros.
La prudente procesión del honor y la gloria.

Si orgullos: La soberbia debe ser castigada.
Experta en soluciones, y de nobleza, pruebas.

Resoluciones definitivas a puntos de dominio,
como galope a la carrera o lanza altiva
para estar menos en el purgatorio,
menos en la malla de linajes
como carácter que se extrema,
para que nunca más los arreboles rebalsen alianzas,
o es trasnoches
o es espera, / es inquietud
es del oír su venia o mando altivo o conseja de viejo,
o hasta chunchules de antiguos judíos, para ni honores,
no heredades,
no traiciones, pero sí esperanzas:
cuando los velos temblaban en las torres
el resultado del rechinar de los hierros y de las promesas:

Todo aquello que ñachi guerrero, y los versos guerreros,
y los laúdes guerreros
en los tules con sus quejas,
ciertamente que rastros en ristre, reinos y luces
fortuitas que acrezcan como fogatas a la deriva.
Aquello que inmortalizan a la fama, a la vida la densan
al amor lo llenan de arreboles.

Indudablemente nena oculta y aguerrida;
consentida algo o mucho en su obsesión de pureza, obstinadamente
perfecta
en el reflejo de su casta.

Al Conde de Barcelona pertenece:
pues la creencia confirma la verdad del universo.
Defiende su vida con la cólera de su filo.

Él, cuando reposa o danza,
brinda deberes o dedica a traiciones de alcoba, ese su tiempo
de ocio y señorío,
pide la anuencia púrpura, así salve
por los siglos de los siglos para continuar en el banquete,
es decir, éstas sobre todo:
la envaina:

Sufre tenebrida
o
el silencio carcome como tormenta que apaga
cuando después, en el campo, de la carga, se llena
de quejumbres
rojas quejumbres y rojos ayes en desbande.

El orgullo debe ser co-medido:
Una honra que se estima:
Nunca olvido, y guardo mis rencores, como poeta
que urde su venganza.

su poquillo inventora, siendo castiza,

Fama y honra: mi más acerado abolengo.

Si hubieras sido un puñal o el hacha que descarga,
o la motosierra que aterrora,
tú, filo imperecedero, no hubieras llegado a inmortal,
aún si tuvieras trovadores dispuestos a cantar el corte
de tu destreza en horas previas a la languidez
de la noche.

¿Siglo XXI?

El Cid, el Señor,
entre valientes hermoso, la mirada lateral,
puesto que la realidad de prudencia infiltra la imaginación
menos desatada,
sospecho sus manos suaves y violentas,
sus tercas resoluciones de caballero desgraciado,
su barba espesa y anudada,
su darlo por deber y culto, mas la honra:
vasallo de su rey:
quien no lo merecía, fundaba en lo debido:

Honesta, sincera, extranjerizante.

Real de realeza en nubes de la sangre,
a pesar de, y torpeza siendo,
porque el linaje no siempre asegura la prudencia bajo
los robles de Guernica y la sangre derramada.

Penetra en la tierra donde su señor extiende
lo prohibido. Donde ya no bastan
torneos y el despliegue de coraje.
Puesto que voluntad,
la ley primorosa, puesto que su deseo, la prueba de valientes.

Ni en desgracia niega de éste, Alfonso, excusando
el servicio de su hija.

¿Qué diría mi señor al señor de su señor?

El Conde, la voz de mi cólera, reta a duelo el espanto de su sino.

A él. Al Señor!

Gran torpe, gran de pequeñas ventajas usuario calculante.
Nunca lo hubiera hecho, porque el destino
marca, y los hados tejen la mortaja.
Nunca es poco decir.
Nunca es medida de prudencia.

Jode y enreda la grandeza de su nombre
pues él, el vasallo de vasallos, supo mi desconcierto:
Nunca.

Nada de ritualista: y ya miraba para el lado

Menos mal
Ahora silencio ante el Señor.
Nueva esperanza de coraje.
Y nublada tiemblo la nueva sangrienta aventura en nuevas soledades.
Yo, la filosa angustia colada, sirvo a mi dueño natural:
destripo y moros,
asusto y cristianos,
marco y hebreos.

El Señor: La Mano que me Vence.

Me des-trozó en dote de su orgullo:
ya será tan igual, nada.
Recorro el mundo como trasformers de pasadas
valentías,
y en agujas, de poco valor, o mucho,
¿qué importa?
ay bu bu bu ay.

Descansa
no fuera por el anuncio de la solitaria pesadumbre
curiosa forma nueva de honra nueva y valentía antigua
cuando mora y pendenciera la espada
se ensucia en el arado
porque el tiempo de la honra
yace en destripe y / o sucio en el olvido presente,
cuando el mercado impone su dominio.

En el pasado: tradición, honra y coraje
En el presente: el cálculo, los pagos, las maniobras:
Tierna ironía melancólica de herencias sin fundamentos:

Venimos de las Jarchas, como todo aquello
que ya no precia, y nos carga de pasado.
Alfonso: Los Infantes de Carrión: unos bellacos.

Me voy dónde los moros. ¿Se imaginan?







2 El gimnasio de la nada: La Carne







2

El gimnasio de la nada

La Carne



Sumó a la partida su gracia fecunda:
de noche /a su lado/ acomodó incierta
muslos de bicicleta frecuente
una perplejidad que rechaza la certeza

Él miró de reojo desalentado
inexperto a pesar la certidumbre
Retos de perfección siliconosa
/el porte de espera y perfecta llegada

Desvió la mirada a clavarla
en la pupila con espanto

Inició

esa serie de carencias que parecían casuales
que encubrían metódicos en la mañana de tantas
consumados
a refocalizar / desterrar el desánimo
reafirmar valores permanentes:
las neuronas
con ansias de insinuación y a ternura marchita

La tarde parpadeó de pronto
aquejada de álamos y nubes
como recordando deberes necesarios
pronta a dejarse consumar
en el crepúsculo imprevisto           en la deriva

Ciertamente una naturaleza humanizada

Deleito         de antena receptora /en la duda profunda
lanza            crujiente para cábala definitiva

Y en el día /alborotando crisantemos/
guióla a penetrar esos últimos
los umbrales /ni tenues /ni caídos

Sin asombro de sí misma:
traspasó la certeza:

La llama que vislumbra su origen:
El origen que percibe la llamada:

Ya era

temprano pero tarde ciertamente
el instante definitivo y perfecto

Como esos arreboles en la playa
marcando el fin del ajetreo
y el comienzo de la duda: su final cierto

Otros hablan del aire /la noche/
lo abierto y definitivo

La tarea holgada y prevista

Dirigieron a ejercer tiempos de certidumbres
comercios necesarios
otros viajantes según líneas de la palma
y el resto y la semana cuando el destino

Así sea
Ora pro nobis
Chancho en misa

Ya era de noche cerrada

La noche oscura             / Ni una ironía









3 Ciertos rastros: Donde vislumbran los personajes



Aproximación al Encuentro








3

Ciertos rastros

Donde vislumbran  los personajes



Te busca en el mes de noviembre:
allí /en esos corredores columnados /donde van y vienen:
Estás vestida de pura    el escote lerdo
senos de ave cómplice: una letanía de promesas
Puzzle entre la cordura y la osadía

Cumpliendo el rito de tu pubertad
o el nacimiento de trasfondos /   a ti    la ella    la tierna
la promesa más explícita / olvidado del invierno
y la rutina

Asomas a las consecuencias rojas / esas como hemoglobina
de mártires / al compromiso del astro que ocultándose
abriría noches de parpadeos     de dudas
noches de pieles pegajosas
en sus arenales inciertos    de él
mientras tú   /motivada y riente/    en la oscuridad
del Marconi     y él no lo sabía
sin sospechos / ni mariposas en el vientre
ni azules en la bandera / sin ni una queja / por muy común
y poco importa que parezca la película que pasa:
Porque la vida es como un gimnasio donde cada cual
arregla su bicicleta:

Los ritos entablan atavismos pasajeros / de duración
tan larga como el curso de ese solo verano
su trunca felicidad /en olvido más tenue

En la Nueva Providencia tu rastro
hacia cumbres neutras    hacia encuentros
hacia la desazón de pañuelos y mejillas
tan como en hilachas     y rumorosas y coloridas
Donde en refugios de invierno /o venida/
tu cosmo vela oscura / tu olor de miel redonda / o sentido
sabor de orégano cauto/y temple    /donde acaba
él / y fácil    /la duda más certera     como el ruibarbo
en la receta o la belladona en el olvido pegajoso y fractalizado
y casi invisible

En la población de espera     sin salida
cuando tu sombra morena y ácida
su hambre de cansado
el buscador
y aún + agotados quedarían
tendidos en la playa pero comunicados y satisfechos:
lo cual pura ficción o bochorno o sofoque

¿cómo     cómo
cómo saber lo que el otro ensueña aún si hablaran?
¿cómo sospechar la cruenta y la calentura provista en esas tardes
de fastidio?

En la raíz del alerce
(cambio de perspectivas porque las bicicletas van a todo dar
y ya nadie puede entrabar su rodaje)
en la barricada de lengas
cuando la noche desprovista
y del once ni siquiera el recuerdo     si la concentración de araucarias:
en el tiempo detenido
(y en la cama con su amigo más persistente)
pero no tanto    lo confiesa     en presente
sin historias que oculten el pasado

Leyenda estéril
como amenaza    o anticipo     que sabemos no se cumple
y por eso perturba la memoria para siempre
diluyendo toda nueva confianza
todo nuevo encuentro como repetidos /sus olores
y carencias









4 Completamente despistado: La situación más probable







4

Completamente despistado

La situación más probable





Por ti conjura los vientos: esos
que a veces ni siquiera esparcen.
Allí donde la nada permanece y la certeza agota.
Sillines y cadenas entrenando para la vida.

El poderoso espacio negro: ¿existe si fuera blanco?
La existencia es la espina sagrada de la metafísica
y la metafísica el romadizo del idioma:
La corazonada vivificante o destinada al sacrificio:
¿El llamado del fuego? La raíz del agua.
Exorcismos de primera, sacramentales y
puros, o eterna madre, en las luces que refleja.
Un espejo. Un espejo.
El reflejo mostraría lo insensato.
Andar a la cola del propio hedor como rechazando la maravilla
/ del encuentro o implorando se ejecute el aroma de la muerte.
El viento de la tierra.

A renovar todos los huesos desterrados.
¿Dónde están? ¿Quién responde?
¿Por qué esa enorme marea de agujas?
Ah, si pudieran amar, si pudieran reunir, sin que lloren
los mártires esparcidos, los “el hasta ahora desencuentros”.
Esas franjas del oprobio:

Larga y angosta como inconsistencia, como recibiendo
un mandato de la zarza, así, en el más helado deseo
exterminar un color
reducirlo a ventajas sagradas en parcelas familiares
o cuentas secretas.
Encuentros casuales en el metro.
Conversaciones de terratenientes esclavistas ya tan pasados
de moda que aún nos incomodan: sus adivinanzas
y juegos de palabras:

¿Será cierto?
Porque si decimos:
Torbellino del oriente, del mar consumido,
su combate surte de cadenas, su paso, cuando resacas amarillas
o como rito en olvido / de la luz, y otras ventajas innecesarias,
o su condena busca dónde recostar,
tal vez por la soñolienta callejuela de Londres,
¿cerca de San Francisco?:
Se abren como cavernas:
Allí donde gritos de agonía o quejidos de placer
después que la merca, no como sagrado ofrecimiento
donde las gradas han desaparecido
ante esa luz tan fuerte que viene de las sombras:

Destino, ulula, quejido de la cumbre y
caminos como raudos o pesadillas de vuelo,
como humo rechazado hacia las piedras y los retablos
donde se empoza la avaricia o escurre el desánimo
o el rescoldo de una zarza los desvía para nuevas marejadas:

¿gozas?        las calles capitales, las abandonadas minas,
uniones        hasta en las miradas, las bóvedas más secretas,
o perturba    el democrático smog, las conciencias más vacías,
ni mesas      las armas, las reliquias, esas camas y más delirios
Porque el humo de la carne es más poderoso que el humo de lechugas

no prepara despedida nueva, despedida que trajera encuentros
como si ningún conjuro active los espejos
donde su odiada y él
¿sangre de futuro, ensambles insensatos?
o sucumba la visión, pudieran renovar el desajuste.
Pudieran arreglar un buen diluvio: aventar
los ángeles lascivos para siempre.

Pero + sencillo, y tal vez, se fueran a Cachaguas
donde lo imaginario hace real
y allí, entre polvos, sobre la arena renuente,
igual que en Renca, y otros deseos pulverizados,
o la Pellugüe de negras heredades.
Porque en todas partes pasa.
Aunque nadie conjure o pretenda.
La base de la vida, you know, la ceniza.
Ese sahumerio, el que nunca cesa
las formas a recomenzar en nuevas pieles, viejos andamios
la vida discurriendo sus imaginarios reales: sueños y desastres.
O los velos protejan las cabezas y esos espíritus en busca
de la carne reciban su merecido.

oh, brisas azules, del color de la ternura,
y del odio más interesado en ganancias,
carencias rojas, negras murallas blancuzcas
donde la imagen refleje la desdicha.
Donde ella, cautiva, urdida de tiempo,
retorne en la redonda nada que agota, la cordura cuadrada,
para cubrirse
un poncho de vicuñas rezaga y sostiene
como en actitud de encuentro,
como rosario del perfume de las rosas,
un colaless en la imagen que se rinde,
un puñal estricto,

desenlaces en la cascada de nieblas
oberturas a campo traviesa,
mantos de ovejas mapuches
USA camisetas
mojadas.

Corona un trarilonco castizo,
desnuda un corvo de soledad.
Va con falda sobre los yeanes.

Cubren sus alas de costumbre,
exactamente
como siempre ocurre
en noches de lágrimas y de tristezas / a la luz de la Luna.

O vayan tal vez a consumir hot dog y cola con tomate.

¿Quién sabe?
¿Quién responde?

¿Tres de queso?
No, prefiero vitaminas.

¿Cuidas tu figura?
ni tanto

Pero ya cansados de subterfugios.
Cansados de vagas miradas.
Secretas costumbres.